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Mujeres, poder y ética pública en el Perú: una lectura sistémica de la crisis de valores

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Por: Ada Gallegos

El Perú atraviesa una etapa de alta desconfianza institucional y política, marcada por denuncias, controversias y escándalos en la esfera pública. En este contexto, la discusión sobre la participación de las mujeres en la política y en la vida pública se vuelve ambivalente: por un lado, se reconoce su presencia creciente; por otro, la opinión pública y los medios han visibilizado relatos sobre contrataciones y presuntos favoritismos vinculados a cercanías con las más altas esferas de poder.

Una lectura sistémica — inspirada en el enfoque de las Constelaciones Familiares, creada por Bert Hellinger (Alemania) e impulsada en el Perú por una de sus representativas discípulas, Adriana Gondim de Castro— permite mirar estos fenómenos sin reducirlos a culpabilizaciones individuales, enfocándose en dinámicas relacionales y de valores que sostienen conductas de “atajo”. A la vez, una aproximación pedagógica invita a traducir este debate en aprendizajes éticos para mujeres jóvenes: orden, jerarquía, dignidad, límites, pertenencia y mérito como pilares de un crecimiento profesional y un sano liderazgo.

Las mujeres constituyen la mayoría del electorado peruano (50,4% según datos de RENIEC para las Elecciones Generales del 2026). Sin embargo, esta mayoría no se ha reflejado históricamente en igual proporción en los espacios de poder político, lo que dio lugar a normas de paridad y alternancia que fueron limitándose progresivamente.

En paralelo, los indicadores sociales muestran que la violencia en contra de la mujer y el maltrato siguen siendo un marco estructural que condiciona la autoestima, los valores familiares, el autoconcepto y la autonomía femenina. Cuando en un contexto se normaliza la violencia como elemento de rutina, se debilita el suelo ético y se hacen más probables las transacciones desiguales en distintos ámbitos, incluida la política.

En paralelo a esto, los recientes escándalos y controversias en el entorno del Palacio de Gobierno y otras instituciones han reactivado el debate sobre la jerarquía, la meritocracia, la transparencia y la ética pública. Las denuncias en diversos medios de comunicación sobre presuntos favoritismos y accesos privilegiados generan un alto impacto social  no solo para las presentes, sino para las futuras generaciones. Al mismo tiempo, es necesario evitar la estigmatización general de las mujeres, pues ello reproduce violencia simbólica y deslegitima trayectorias basadas en esfuerzos, preparación y competencia real.

Desde la mirada sistémica de las Constelaciones Familiares, las conductas individuales se entienden dentro de redes de pertenencia y lealtades invisibles. El “atajo” hacia el poder suele aparecer cuando se combinan carencias afectivas, desorden, presión por reconocimiento rápido y cultura de impunidad. Esto muestra la búsqueda de ventaja como sustituto de valores. Esta crisis de valores es un desafío que nuestra sociedad no puede evadir más.

Cuando el sistema social premia el resultado inmediato sobre el mérito, se produce un desorden: se rompe la relación sana entre esfuerzo y logro. En términos sistémicos, se desplaza el orden por la ventaja. No es un fenómeno de género sino humano, pero impacta especialmente en la imagen social de la mujer cuando se mezcla con narrativas de sexualización del acceso al poder. El poder sin ética tiene costos personales, políticos y sistémicos.

La pregunta central que la sociedad y las familias podríamos hacer es: ¿Qué modelos de éxito estamos transmitiendo a la juventud?

Para las mujeres jóvenes, el reto es acceder a espacios de liderazgo con estructura interna, claridad de valores y límites firmes. Un sistema familiar que transmite respeto, pertenencia y responsabilidad fortalece la capacidad de decir no ante propuestas degradantes.

La sociedad necesita más participación femenina en política, pero con base ética y mérito. Desde la mirada sistémica, recuperar valores es recuperar orden: entre mérito y cargo, entre servicio y beneficio, entre dignidad y ambición. Allí donde este orden se restablece, disminuye la necesidad de atajos y aumenta la posibilidad de un liderazgo sano y confiable.

15/02/2026

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